DEBERES DEL GENIO por Manú
26 : -Limpia sus contrainteligencias
(ideas o actos contra sí mismo).
De vez en cuando toda persona inteligente hace una revisión de su ideología adquirida, que le fue impuesta por la cultura en que nació o a la que pertenece.
Pongamos algunos ejemplos de los dogmas de la cultura judeocristiana actual sobre algo como podría ser el dinero: "Lo importante no es el dinero, sino la salud". "Lo importante no es el dinero, sino la felicidad". "¿De qué te sirve ganar todo el dinero del mundo si después pierdes tu alma?" "Vende todo lo que tienes; da el dinero a los pobres y ven y sígueme". "Toda propiedad es un robo". "El dinero es para gastarlo". "La solidaridad humana es más importante que el derecho de propiedad". Etcétera, etcétera, etcétera.
Cualquier persona inteligente se da cuenta más o menos tarde de que todos estos eslóganes o consignas tienen como único objetivo sacarles los cuartos a quienes tengan algunos ahorrillos, y hacer que la gente en general desprecie al Dinero para así poder cogerlo más fácilmente los vivillos de siempre.
Bueno, pues eso es una "contrainteligencia".
Otra contrainteligencia es la de que hay que ser felices bebiendo y fornicando lo más posible, y que eso de que una chica quiera mantenerse virgen es una neurosis o una esquizofrenia o algo muchísimo peor; y lo de que "hasta el Sida es menos malo que la castidad", y cosas por el estilo que pueden tener su parte de razón pero sin pasarse.
Actualmente en Occidente estamos viviendo en el seno hediondo y fétido de una cultura de antivalores, en la que lo que durante siglos y más siglos ha sido Bueno ahora es Malo, y lo que durante siglos y más siglos ha sido Malo ahora es Bueno. Lo cual significa exactamente que o bien hemos estado equivocados durante siglos y más siglos, o bien que cuando estamos equivocados es ahora.
Las personas inteligentes reflexionan sobre esta situación y ya no se fían ni del televisor; sino que intentan discernirla por sí mismos y ver con su propia inteligencia lo que haya de aprovechable en esta cultura y también lo que haya de nocivo para evitarlo. Pero no sólo eso, pues a cualquiera espontáneamente se le pueden ocurrir contrainteligencias, -ideas perniciosas para la salud de su cuerpo, de su alma o de su dinero-, y éstas ideas son tan peligrosas o más que aquéllas.
Si bien se fija uno, esta limpieza de contrainteligencias es una función afín a la función autocrítica, -propiedad exclusiva de las mentes inteligentes-, e incluso podría ser considerada como una variante de la misma, pues existe identidad entre lo que creemos y lo que somos. Por eso son tan peligrosas la creencias, -las políticas y las religiosas principalmente, (así como también las creencias erróneas en el funcionamiento de la economía)-: Son peligrosas las creencias porque convierten a los individuos de personas libres en autómatas biológicos.
Y esto lo saben muy bien los sinvergüenzas que fabrican a la Opinión Pública.
27 : -Tiene conciencia de la muerte.
Toda persona verdaderamente inteligente sabe desde siempre perfectamente que el principal problema que en su vida tendrá que resolver es el de la muerte.
Sólo mueren los estúpidos, los necios y sobre todo los humanos. Mueren por la simple razón de que no saben sobrevivir. Ni siquiera los animales mueren, sino que dejan su mente en blanco y reencarnan. Porque aunque el animal es un ser sumamente extrovertido, sabe por inocencia original que vivir consiste en asomarse a una ventana corporal, y que cuando esa ventana se deteriora, él debe dar un paso atrás -hacia su propio interior del Universo Psicológico de las consciencias- para volver a asomarse hacia el Universo Físico a través de su ventana más inmediata, que es siempre otro cuerpo de la misma especie a la que está ya acostumbrado a vivir desde hace millones de años.
Ni existe el "instinto" ni la "memoria genética", sino que lo que guía al animal en su nueva vida es su propia memoria transreencarnacional, reforzada a lo largo de sus innumerables existencias por un repertorio repetido de acciones premiadas por su mundo ecológico y por otro repertorio repetido de acciones castigadas también por su mundo ecológico.
Con este criterio se ve claramente que para el reino animal la muerte no tiene mayor importancia que la de ser un momento doloroso -en los casos de muerte violenta o por enfermedad-, o la de ser un momento de sueño placentero antes del nuevo despertar en otro cuerpo, -en los raros casos de muerte por extrema extinción vital-. En ambos casos el animal se siente siempre inmortal y eterno.
Sólo el ser humano -que es un animal paranoico- considera a la muerte como una extinción definitiva de la consciencia, -(como si esto fuera posible)-, o -en los casos de personas religiosas-, como el paso a una absurda vida incorpórea o en la forma de un humillo blanco, que es lo que les enseñan las infantiloides religiones en las que creen. Pero como en la Vida no hay excepciones, también ellos reencarnan.
Toda persona inteligente que haya estudiado el tema de la Percepción conoce la imprescindible existencia de una zona de transición entre la fenomenología física del Universo Exterior y su propia y personal Realidad Psíquica Numénica.
Esa zona de transición es un sistema nervioso servido y protegido por todo lo demás de su organismo, soma corporal, o cuerpo.
Y asimismo toda persona inteligente sabe perfectamente que es en su cuerpo donde está el punto débil de su realidad, -dañable por accidente, enfermedad, o por su propia repetición de los vicios y errores de la especie humana, que es lo que le va haciendo envejecer, lo mismo que los animales envejecen por su adscripción repetitiva a los vicios y errores de sus respectivas especies-.
Aún desconocemos el mecanismo biológico de la Vida, e ignoramos la causa que obliga a todas las especies animales a ser estúpidas, -salvo si la suprema finalidad de la Vida es precisamente la de premiar y potenciar a la Inteligencia-.
En todo caso y desde la más remota antigüedad las personas verdaderamente inteligentes se las ingenian para vivir más años y con mas alta calidad de vida que sus contemporáneos, -debido a que su conciencia de muerte está siempre activada, y por ello eligen más inteligentemente sus opciones en alimentación, medicación, investigación gerontológica, y comportamiento sexual-.
Es bien conocida la capacidad de las personas inteligentes de interesarse en una multitud de temas que nada tienen que ver con sus actividades ordinarias.
El genio es un espíritu curioso, un ser que se comporta como si perteneciera al mundo del misterio, a un extraño mundo constituido por enigmas y sabidurías.
Los intereses de estas personas curiosamente inteligentes van desde el juego del niño al trabajo del científico más especializado, como si tales personas fueran una especie de "policías del conocimiento" o agentes de un servicio de espionaje inimaginable y estuvieran en perpetuo estado de alerta.
Cualesquieras otras personas inteligentes de cualquier edad pueden sintonizar y comunicarse con estas personas geniales, pues sus mentes están abiertas a toda clase de datos y de posibilidades, y son receptivas a todo lo imaginable.
La razón de esta necesidad omnidireccional de información tal vez resida en su peculiar trabajo de creadores de realidades extraídas de la nada. Parece como si con todos esos datos formaran el continente hueco, en cuyo interior, y por la virtud de alguna oscura magia, hubiera de plasmarse su nueva invención. Es asimismo este continente informativo como el pretexto y la apariencia de "cosa normal" que toda genuina creación necesita para entrar en el mundo humano.
El pensamiento genial no es racional, ni inductivo ni deductivo, sino analógico.
Por eso cualquier estructura puede servirle de modelo para realizarse. Modelo en este caso no es algo que le sirva para copiar, sino algo que le sirve para inspirarse, -un pretexto, una ocasión, una oportuna sincronicidad entre lo que el genio presiente y el punto de apoyo argumental en que tendrá que posarse-.
Es casi obvio que las mentes geniales se relacionan con un mundo físicamente inexistente, del que van extrayendo sus creaciones intelectuales y materiales, y es igualmente casi obvio que tales mentes geniales son capaces de profundizar en ese ámbito, -pero siempre tendrá que ser por las pistas que el azar ponga a su alcance-. Y esto es exactamente lo que las personas geniales esperan de cualquier ser, persona o evento natural o artificial que aparezca en su camino: Alguna pista para pasar al Otro Lado.
29 : -Capaz de mantener el impulso inicial.
"Genio y figura hasta la sepultura" dice un castizo refrán español.
Las personas inteligentes creen en lo que hacen; y por tanto son fieles a sus proyectos. Quizás éste sea el secreto de su éxito, -la constancia en el impulso inicial a través de los años y de las variables circunstancias-.
Cualquier otra persona normal o vulgar se cansaría si su sociedad entorno no compartiera ni refrendara su empresa, pero el genio o persona realmente inteligente no tiene ninguna necesidad de ser apoyado por ninguna opinión pública en algo que él solo comprende y que percibe como una vocación personal. Lo más a que esa persona aspira es a que se le respete, pero no desde luego a que los demás le comprendan.
Estamos hablando de personas geniales enfrascadas en alguna empresa cuya finalidad no es fácilmente definible en términos coloquiales. No se trata de un científico cuyo proyecto o investigación puedan ser comprendidos al menos por sus colegas, sino de un genio, de un espécimen solitario en su aventura y que avanza por un camino que nadie ha recorrido antes simplemente porque no existe. Sus puntos referenciales por los que se va orientando no son para los demás verdaderas referencias, pues ellos desconocen las reglas de este juego de la creación y el descubrimiento que sólo existen para quienes pueden intuirlas. El genio no es verdaderamente un ser humano en el sentido racional que se da a esta definición, sino que es un milagro viviente intelectual inserto en la historia humana de la inteligencia, como si proviniera de nuestro futuro.
Por eso la idea de futuro es su idea clave, -porque lo que intenta resolver no es un problema meramente actual o circunstancial, sino un vector paramétrico, un signo de la realidad en el que tal persona ha reparado y que se prolonga desde el remoto pasado hacia el remoto futuro. Pongamos el ejemplo de la Rueda: La Rueda no existe en la Naturaleza, y no ha podido nadie copiarla de ninguna parte. La Rueda ha surgido de la interacción de tres ideas, -el Círculo, el Eje y el Soporte-, que residen en un Universo de Realidad que Platón intuyó y que es adonde la persona genial busca y encuentra sus creaciones.
Todas las personas verdaderamente inteligentes saben porque lo sienten que ese misterioso Continente de la Idealidad existe, y que está al alcance de los solitarios y de los equipos bien conjuntados. Y eso es inolvidable, -ni aunque toda la humanidad en pleno se pusiera de acuerdo en negar su existencia-. El que Ve ve y el que Sabe sabe; y le da igual la opinión ajena. Cuando una de esas personas se pone a trabajar en un proyecto es porque Ve y Siente y Sabe hacia dónde se dirige; y nada ni nadie en el mundo humano podrá desviarle de su destino.
Tener un propósito es trabajar en Tiempo Inverso. Lo del Tiempo Inverso lo expliqué una vez con la parábola de la mesa y el carpintero. Veamos:
Un carpintero imagina una mesa. Científicamente hablando, esa mesa no existe en la realidad, pero, Metacientíficamente hablando, la mesa existe y es real en el Universo Psicológico.
De lo que el Tiempo Inverso trata pues es de traer realidades desde el Universo Psicológico al Universo Físico.
A esta operación también puede llamársele "Plasmación", "Creación", o "Tener un propósito".
La mesa de marras pues existe en un espaciotiempo y en un Universo que son invisibles para los ojos e imperceptibles para el conjunto de la sensorialidad.
Pero a los cuales -espaciotiempo y Universo- puede accederse con la facultad de la Imaginación. Lo restante es ya sólo coser y cantar: El carpintero compra unas tablas según medidas, las corta, las recorta, las pule, las enviruta o como se diga lo de sacarles virutas con el cepilla, las ensambla, las atornilla, las pone en los lugares previamente imaginados, las etcétera etcétera, y hétenos aquí que la MESA PSÍQUICA se alza magnífica y brillante delante de nuestros ojos.
Pues quien dice una mesa dice cualquier otra cosa. Por ejemplo un Imperio. Yo estoy obsesionado por plasmar un imperio de dioses de carne y hueso; gente buena y maravillosa con la que dará gusto convivir; sin problemas humanos, sin debilidades humanas, sin fealdades humanas, -sino sólo dioses amables y armónicos y bellos-.
La verdad es que plasmar un mundo así no me parece nada de difícil. Aunque naturalmente, tiene su técnica. El método es el siguiente: Primero que nada se cree en la Reencarnación, porque eso da mucho terreno para el trabajo, ya que lo que no se consiga en una existencia se irá consiguiendo en las siguientes.
Lo segundo es el "Reconocimiento", que consiste en reconocer como antiguos camaradas de innumerables existencias anteriores a las personas inteligentes y buenas que vayamos encontrando por la vida. Lo tercero es Asociarnos en un conjunto lógico de proyectos coherentes. convergentes hacia el ideal de un mundo divino.
Y ya está.
Bueno, hay algunos detalles que hay todavía que perfilar, -como lo de legar las herencias no a los hijos si se tuvieren sino a los dioses reconocidos amiguetes que más y mejor hayan colaborado con nosotros. Para que cuando reencarne uno de nuevo y nos reencontremos nos vuelvan a entregar las herencias que les entregamos anteriormente, más todo lo que ellos hayan podido añadirles-.
Lo que está totalmente claro es que cuando una persona deja de tener algún propósito se muere. Y eso le ocurre porque en vez de vivir en Tiempo Inverso, -que es en donde se es inmortal-, vive en Tiempo Directo, que se va agotando.
La gente no le da importancia a estas cosas, pero son los proyectos en Tiempo Inverso o Directo los que le hacen a uno rico o pobre, feliz o desgraciado, guapo o feo, importante o insignificante, amado o despreciado, y todo lo demás.
FIN DE LA PRIMERA PARTE